Una empresa basada en una segunda oportunidad
Pelipost se fundó con el objetivo de ofrecer una segunda oportunidad. Aproximadamente uno de cada tres adultos estadounidenses tiene antecedentes penales, y esos antecedentes pueden limitar el acceso a la educación, al empleo y a la vivienda. Cada mes de abril, Pelipost colabora con Prison Fellowship en el «Mes de la Segunda Oportunidad» para crear oportunidades para las personas que regresan a casa. Con ese espíritu, nuestra cofundadora y directora de operaciones, Becky Calderón, compartió su historia.
¿Cómo comenzó tu historia de segunda oportunidad?
Becky es muy clara al respecto: su encarcelamiento fue, en sí mismo, el punto de partida. «Me siento muy afortunada, muy afortunada de haber tenido esta oportunidad que tanta gente no tiene».
La idea surgió gracias a su hijo, que no paraba de oírla decir lo mucho que significaban para ella las fotos mientras estaba ingresada, y que se topaba con todo tipo de obstáculos al intentar enviárselas. «¿Sabes qué? Esto es algo que hace falta, porque me cuesta mucho enviarle fotos a mi madre». De esa conversación nació Pelipost.
¿Estabas preparado para reincorporarte a la sociedad?
No del todo. Pero Becky tenía lo único que marca la mayor diferencia: «Lo único que sí sabía era que tenía una familia. Eso, de por sí, es una bendición».
Ella pone palabras a lo que mucha gente nunca se atreve a decir en voz alta: «Casi te da miedo ser libre. Porque, en el fondo, sabes dónde vas a dormir, sabes dónde vas a comer. Pero cuando sales, no tienes ni idea».
El peso del estigma tras la puesta en libertad
Becky es su crítica más severa. Regresó a casa cuando a su padre le estaba apareciendo el Alzheimer y se hizo cargo de su cuidado junto a su madre, en lugar de volver al trabajo. «Sentí que había perdido toda mi credibilidad. Y, en cierto modo, sigo sintiéndolo. De repente, estaba en la cima de mi carrera y caí en picado».
La familia fue la clave
Si le preguntas si fue su familia la que le dio una segunda oportunidad, la respuesta es inmediata: «Por supuesto. Al 100 %». Su hijo nunca dudó de ella. Su madre le escribía constantemente, le marcaba límites claros y, aun así, le dejaba claro que la quería. Su padre, por teléfono, apenas podía contener lo mucho que deseaba que volviera a casa.
«Para mí, la familia fue mi principal motivación. Es lo que me hizo seguir intentándolo». Y seguir intentándolo, dice, es lo que realmente importa. La tarea de demostrar que te mereces una segunda oportunidad parece imposible si estás sola.
Si no cuentas con ese apoyo
Becky pone nombre a la culpa que conlleva ser una de las afortunadas. «El 99,9 % de los fracasos se deben a que estás solo». Para quienes carecen de una red de apoyo familiar, señala que las organizaciones de defensa, los programas de reinserción y los grupos comunitarios son la mejor alternativa. Y añade: «Lo único que tienes que hacer es intentarlo».
Más información sobre el Mes de la Segunda Oportunidad en Prison Fellowship.